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El objetivo de nuestro proyecto Adela Barquín no es solo proporcionar una vivienda, sino también crear un entorno comunitario que fomente las relaciones personales, el bienestar emocional y la autonomía. Por esta razón, con esta visión, nos esforzamos por combatir la soledad no deseada y avanzar hacia la desinstitucionalización de la vejez.

El Edificio Adela Barquín se basa en cuatro pilares fundamentales que responden a las necesidades reales de sus vecinos y vecinas:

  • Autonomía personal: se ofrecen recursos y apoyo para mantener la independencia de los residentes, ayudándoles a gestionar mejor su día a día.

  • Inclusión comunitaria: se fomenta la participación activa en la vida comunitaria mediante actividades que fortalecen los lazos sociales y el sentimiento de pertenencia.

  • Cuidados compartidos: se promueve un modelo colaborativo donde los vecinos pueden dar y recibir apoyo mutuo, creando una red solidaria dentro del edificio.

  • Lucha contra la soledad no deseada: gracias a los espacios comunes y las actividades organizadas, se trabaja para reducir el aislamiento social y mejorar las relaciones vecinales.

Este enfoque integral no solo garantiza una mejor calidad de vida para los residentes, sino que también contribuye a crear una comunidad cohesionada y resiliente.

Para comprender mejor el impacto de nuestro proyecto, durante 2024 hemos realizado una encuesta de valoración e impacto entre los vecinos y vecinas del edificio Adela Barquín. Los resultados confirman que estamos marcando una diferencia significativa en sus vidas.

Una red social más fuerte y menos soledad

Casi 8 de cada 10 personas encuestadas (78,33%) afirman sentirse más acompañadas desde que viven en el Edificio Adela Barquín. Estos datos reflejan el éxito de nuestros esfuerzos por crear un entorno donde las conexiones sociales son prioritarias. Además, el 70% asegura poder contar con personas de confianza, y el 63,33% ha ampliado su círculo de amistades. Estas cifras evidencian cómo un espacio adecuado puede ayudar a combatir el aislamiento y fomentar relaciones significativas.

Bienestar emocional y calidad de vida

El bienestar emocional es otro ámbito clave donde hemos visto resultados positivos: el 66,67% de las personas encuestadas se siente más tranquila gracias a la seguridad que les proporciona tener garantizado el derecho a la vivienda. El 51,67% manifiesta sentirse seguro respecto al acceso a la vivienda. Este dato muestra que más de la mitad de la población analizada percibe estabilidad en el acceso a un hogar.

Además, un 73,33% afirma que su calidad de vida ha mejorado significativamente, y un 46,67% ha encontrado nuevos objetivos y proyectos personales. Estos datos demuestran que ofrecer un entorno estable y seguro puede ser clave para fomentar la autonomía y el crecimiento personal en la vejez.

Una red comunitaria empoderadora

El proyecto Adela Barquín ha consolidado una red participativa que combate el aislamiento mediante actividades lúdicas, formativas y festivas, con un alto grado de autogestión y resultados positivos en bienestar emocional y cognitivo. Los datos muestran una fuerte implicación vecinal: 9 actividades semanales autogestionadas con participaciones superiores al 60% y una valoración media de 3,72/4. La gobernanza presenta altos niveles de asistencia a asambleas (92,2%) en un modelo colectivo en evolución que refuerza los lazos sociales.

Un entorno accesible e inclusivo

La movilidad dentro del edificio es otro factor destacado: los espacios accesibles facilitan las interacciones sociales y evitan el aislamiento físico. Esta accesibilidad contribuye a una percepción más positiva de la calidad de vida.

Este proyecto, fruto de la colaboración público-privada, se consolida como referente para políticas de vivienda social que priorizan la dignidad y la comunidad, demostrando que es posible construir entornos donde la vejez se viva con autonomía y vínculos significativos